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Tecnologías: ¿Dañinas para la salud?

TECNOLOGÍAS: ¿DAÑINAS PARA LA SALUD?

Blanca Obón Azuara

Septiembre 2015

 

El Emegency Care Research Institute (ECRI), es una organización estadounidense, independiente y sin ánimo de lucro, dedicada a la evaluación y perfeccionamiento de la tecnología sanitaria. Su misión es promover los más altos estándares de seguridad y calidad en los cuidados de salud, en aras de procurar la mejor atención de los pacientes.

Esta organización, que cuenta con 45 años de andadura, publica anualmente un listado con los 10 principales riesgos derivados de la tecnología médica. La lista representa los diez mayores problemas de seguridad para los pacientes. La elección acerca de los peligros a incluir y el orden de los mismos, se basa en la probabilidad y la severidad de los informes recibidos por la mencionada institución durante el año anterior al informe, así como de la revisión sistemática de los artículos publicados en dicho período.

Se observa como en los dos últimos años las alarmas figuran en el puesto número uno de la lista. Es cierto que desde 2007 ya aparecen entre los primeros puestos, pero resulta llamativo que este tipo de tecnología, diseñada para la prevención de lesiones o muerte, y que nos advierte de los potenciales peligros de los pacientes, se haya convertido en el principal problema de seguridad del paciente considerado por esta agencia.

Ante este hecho cabría plantearse varias cuestiones. La primera, es que los problemas tecnológicos constituyen únicamente una parte de todos los problemas de seguridad del paciente. Estos problemas varían mucho en función de los países: ni todos cuentan con los mismos, ni la manera de abordarlos en uno, es “exportable” al resto. También existen grandes variaciones en la cultura de seguridad en cada país, lo que dota de mayor o menor sensibilidad hacia los mismos en función del grado de cultura existente.

Si bien es cierto que los datos que arroja el ECRI y también la Joint Commission, nos obligan sin lugar a dudas a reflexionar acerca de este hecho, también lo es que cada país debe analizar sus propias fuentes de datos, para así estudiar y enfrentarse a sus propios problemas de seguridad. En España, nuestro marco de referencia es el “estudio de incidentes y eventos adversos en medicina intensiva; estudio de Seguridad y Riesgo en el Enfermo Crítico” (Estudio SYREC), donde si bien es cierto también aparecen descritas las alarmas como un problema, no es el único, ni desde luego el más importante para la seguridad del paciente.

El informe ECRI subraya la mala configuración de las alarmas, y en general los problemas técnicos de las mismas, como las principales causas por las que las alarmas originan problemas de seguridad. En nuestro ámbito, deberíamos señalar que no son sólo son los problemas técnicos los que amenazan la seguridad de los pacientes, sino la elevada carga de trabajo con la que cuenta el personal de Enfermería y los médicos de guardia de los servicios de Medicina Intensiva de España, así como la precariedad de los contratos de unos y otros. No sólo son las alarmas “perdidas” debido a un exceso de alarmas las que amenazan la seguridad de nuestros pacientes, como afirma el informe emitido por el ECRI, sino que las instituciones sanitarias españolas deberían mostrar una mayor sensibilidad y preocupación por el aspecto humano y no sólo por el tecnológico. Esto pasaría por destinar un mayor número de recursos humanos, y mayor tiempo en su formación, lo que mejoraría sin duda el problema que generan las alarmas, minimizaría también los riesgos inherentes a la práctica clínica, y permitiría que toda la población contara con una asistencia sanitaria de calidad, entendiendo la calidad como concepto imprescindiblemente aplicable, y no su reducción simplista a un término o coletilla de gestión.

No olvidemos que la seguridad del paciente debe constituir una prioridad para las organizaciones sanitarias, que además de hacerse eco de los informes emitidos por agencias e instituciones internacionales, -y redundando en la idea de utilizar datos de nuestro ámbito, distinto a otros-, debería también atender a las recomendaciones emitidas por organizaciones nacionales como la Sociedad Española de Medicina Intensiva (SEMICYUC), entre otras.

No querríamos finalizar esta reseña sin destacar que siempre que se pretenda solucionar los problemas de seguridad, las propias soluciones generarán otros riesgos. Cada vez que se implanta una solución, sería muy interesante y deseable que las organizaciones realizaran un análisis proactivo de los nuevos riesgos que sin duda surgirán.

Como conclusión, consideramos que el asociar las tecnologías sanitarias a un daño para la salud, es una interpretación muy sesgada del informe emitido por el ECRI. Las tecnologías no son dañinas, sino muy al contrario nos protegen y nos permiten avanzar, lo realmente dañino es el uso inadecuado de las mismas, su implementación sin realizar previamente un análisis proactivo de sus riesgos, y una evaluación de los eventos adversos relacionados con las tecnologías.

Blanca Obón Azuara y el Grupo de Trabajo de Planificación, Organización y Gestión de la Sociedad Española de Medicina Intensiva y Unidades Coronarias (SEMICYUC).

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